revista tiempo de paz 159. Este número de Tiempo de paz es el último del año 2025 y aborda dos temas muy queridos para la revista, la cooperación y la paz. Son dos nociones que van de la mano desde una perspectiva amplia, que concibe a la paz no solo como la ausencia de guerra sino también como paz positiva, en el sentido de que se den las condiciones favorables para establecer sociedades pacíficas, lo que supone una aproximación amplia a la noción. Desde el Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad y desde la revista Tiempo de Paz siempre hemos apostado por esta noción de paz que, por lo demás, lleva a una visión de la comunidad internacional como espacio de cooperación frente a los grandes retos internacionales.

Revista Tiempo de Paz 159 | DESAFÍOS DE LA COOPERACIÓN Y LA PAZ

Revista Tiempo de Paz 159 | Desafíos de la Cooperación y la Paz

Número: 159
Periodo: Invierno 2025

Este número de Tiempo de paz es el último del año 2025 y aborda dos temas muy queridos para la revista, la cooperación y la paz. Son dos nociones que van de la mano desde una perspectiva amplia, que concibe a la paz no solo como la ausencia de guerra sino también como paz positiva, en el sentido de que se den las condiciones favorables para establecer sociedades pacíficas, lo que supone una aproximación amplia a la noción. Desde el Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad y desde la revista Tiempo de Paz siempre hemos apostado por esta noción de paz que, por lo demás, lleva a una visión de la comunidad internacional como espacio de cooperación frente a los grandes retos internacionales.

 

 

revista tiempo de paz 159. Este número de Tiempo de paz es el último del año 2025 y aborda dos temas muy queridos para la revista, la cooperación y la paz. Son dos nociones que van de la mano desde una perspectiva amplia, que concibe a la paz no solo como la ausencia de guerra sino también como paz positiva, en el sentido de que se den las condiciones favorables para establecer sociedades pacíficas, lo que supone una aproximación amplia a la noción. Desde el Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad y desde la revista Tiempo de Paz siempre hemos apostado por esta noción de paz que, por lo demás, lleva a una visión de la comunidad internacional como espacio de cooperación frente a los grandes retos internacionales.

 

En la reciente cumbre de Sevilla sobre la Financiación del Desarrollo, se han revisado claramente dos aspectos que son la crisis de la cooperación y, al mismo tiempo, la necesidad de renovar las aproximaciones a la misma, ya algo envejecidas y cada vez más caducas para las necesidades actuales.

Tal vez haciendo de la necesidad virtud este número pone la mirada en nuevos desafíos, retos y aspectos a tener en cuenta en las políticas de cooperación para mejorarlas y dotarlas de sentido. Esa idea de innovación transformadora es la que late en la ley 1/2023 de cooperación al desarrollo sostenible. Y es la que subyace en la crisis del desarrollo que es una crisis de su financiación, que debe superarse con nuevas alianzas y estrategias. El conjunto de las reflexiones que aquí se expresan es innovador y aporta elementos de análisis creativos, que en su conjunto dan un visión inspiradora y fresca de lo que puede ser el futuro de la cooperación, en una aproximación que merece el agradecimiento a los dos coordinadores del número, Marta Iglesias y Carlos Batallas.

Una primera reflexión, sintética pero clarificadora, es la que aporta la Secretaria de Estado de cooperación internacional española, Eva Granados, que parte de la consideración de la complejidad del mundo actual, que supone una oportunidad para abordar de manera diferente los desafíos.

Raquel González, coordinadora de Médicos sin fronteras-España analiza el desmantelamiento de la ayuda internacional, que se ha contraído entre un 34% y un 45% en 2025 con respecto a 2023. La crisis actual lleva a una erosión del respeto del derecho humanitario y la irrupción de narrativas que van en contra de los valores humanitarios y discriminan a las mujeres, las personas LGBTQI+, o las personas en movimiento. La pregunta que se nos plantea es cómo preservar la esencia de la acción humanitaria en tiempos tan turbulentos y cómo mejorar la respuesta a las crisis: volver a comprometernos con una respuesta basada en los principios y en las necesidades, y reconstruir la con- fianza, el acceso y la solidaridad que lo hacen posible. Julia Steets, directora de Global Public Policy Institute indica que en los años pasados cerca de 43 billones de dólares de ayuda humanitaria se están reduciendo a casi la mitad anual, lo que ha creado una tormenta perfecta que deteriora la legitimidad de la ayuda y transforma sus premisas básicas. A ello se añade una situación de policrisis que analizan Pablo Martínez Oses, del Colectivo la Mundial, y María Luisa Gil Payno, Economistas sin fronteras, que abordan el desarrollo sostenible desde los conflictos de intereses entre actores y la falta de coherencia. Señalan una dinámica de crisis, de agotamiento del modelo y la necesidad de cambiar los discursos de la cooperación

Estamos ante lo que se ha calificado de crisis del paradigma liberal de la ayuda internacional, que está cambiando las agendas, haciendo que sean más internas que internacionales y está transformando asimismo la idea de paz, desde la noción de paz liberal que aborda la profesora Elena Díaz Galán a una paz como valor que intenta preservar con mayor garantía los derechos humanos, los derechos de los pueblos y la no intervención en los asuntos internos.

También se plantean nuevas cuestiones de gran actualidad, como la inteligencia artificial vista desde el desarrollo humano, por miembros de la Oficina de desarrollo humano del PNUD. A juicio de Antonio Reyes y Heriberto Tapia la inteligencia artificial entraña riesgos colectivos: el poder hoy se mide en términos cognitivos y el poder en el mundo también se ve en términos de acceso a conocimiento, información, infraestructura, capa- cidades digitales y humanas y la complementariedad entre las máquinas y las personas, como se indica en el Informe de IDH 2025. Se presentan interesantes datos de una encuesta global de inteligencia artificial, como la gran desconfianza que hay sobre la IA como instrumento positivo para el servicio social: a mayor desarrollo humano, más desconfianza, con una asimetría perceptiva y diferentes expectativas, temores y aspiraciones. Pero la IA puede ampliar el desarrollo humano en determinados países, en ámbitos como la cocreación tecnológica, la complementariedad humano-máquina y la gobernanza multiactor.

Las crecientes tensiones geopolíticas y los conflictos también han desplazado la atención hacia el cambio climático, alimentando actitudes negacionistas, que analiza Alicia Montalvo Santamaría, Gerenta de Acción Climática y Biodiversidad Positiva, CAF, del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe. A su juicio, las deficiencias del modelo económico basado en los recursos naturales deriva de una falla sistemática en la manera en que se asignan los incentivos económicos, por lo que considera que deben multiplicarse los flujos anuales de financiación para la lucha contra el cambio climático, de tal modo que se complementen los instrumentos actuales. Propone la necesidad de un nuevo paradigma económico que atribuya a los recursos naturales su verdadero valor en el contexto social del Sur Global y, finalmente, la importancia de revisar las estructuras de gasto público con el objetivo de que las inversiones en gastos de defensa y seguridad estén alineadas con las de una adecuada gestión de los recursos.

Finalmente pero no por ello menos importante Enrique Gomáriz, antiguo director de la revista, propugna una visión sociológica de los conflictos que permita reconocer las causas internas que conducen a los países -y en particular a la potencias- a abandonar un orden mundial basado en reglas. Examina las causas sociales internas que motivan a potencias como Estados Unidos, China y la Federación Rusa a emprender una competencia hegemónica por medios al margen de un orden mundial basado en reglas.

 

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Revista Tiempo de Paz 158 | TRIBUNALES INTERNACIONALES

Revista Tiempo de Paz 158 | Tribunales Internacionales

Número: 158
Periodo: Otoño 2025

Un termómetro de la salud del orden internacional es el papel que los Tribunales interna- cionales juegan en el mismo. La judicialización de las relaciones internacionales es un fenómeno muy reciente. La creación de la Corte Permanente de Justicia internacional, en 1920, cuya sede se encuentra en el Palacio de la Paz de la Haya, un edificio donado por Rockefeller, era una primera piedra en el edificio de la paz a través del Derecho. A finales del siglo XX el sueño se acelera en el denominado proceso de proliferación de tribunales. Junto a los tribunales regionales de derechos humanos, el europeo, americano y africano, destaca la función de los órganos convencionales de los instrumentos de reconocimiento y protección de derechos humanos (comités de derechos humanos); aún con todo sigue sin existir un Tribunal internacional de derechos humanos, que es algo pendiente.

 

 

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La lucha contra la impunidad de las grandes violaciones de derechos humanos que se había iniciado tras la primera guerra mundial en el intento de juzgar al Kaiser Guillermo II de Alemania, así como de juzgar el genocidio armenio y los crímenes de guerra, o de terrorismo posteriormente, quedó en nada; pero sentó el precedente que permitió que, después de la Segunda Guerra Mundial se crease el tribunal de Nuremberg y el tribunal de Tokio, con los que se inicia la lucha contra la impunidad. Tras un parón durante décadas, como consecuencia de la guerra fría, la caída del Muro de Berlín permitió la creación del Tribunal para la antigua Yugoslavia y de los Tribunales de Ruanda, Líbano, Sierra Leona, Camboya entre otros mecanismos de investigación, y en los denominados tribunales ad hoc y especiales. Pero el gran logro de finales del siglo XX fue la creación de la Corte Penal internacional, cuyo estatuto se aprobó en la Conferencia de Roma de 1998.

Junto a ello destaca la labor de los tribunales de procesos de integración, como el de diversos sistemas: Pacto Andino, centroamericano, Unión Europea etc; los tribunales económicos internacionales: de arbitraje, el del Centro internacional de arreglo de diferencias de inversión, el panel del Banco Mundial, los tribunales de integración, el órgano de apelación y el órgano de solución de diferencias de la Organización Mundial del Comercio. A ellos se añaden los Tribunales administrativos de organizaciones internacionales, el Tribunal Internacional de Derecho del Mar, entre otros.

En ausencia de un Estado mundial, los Tribunales existen porque los crean los Estados y su jurisdicción, salvo los creados por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en virtud del capítulo VII de la Carta, los denominados tribunales ad hoc, es facultativa, no obligatoria. La Justicia internacional tiene límites derivados del principio del consenti- miento del Estado, que es uno de los pilares angulares del orden internacional.

La crisis del multilateralismo se refleja, como no podía ser de otro modo, en los Tribunales. Así, en la propia Unión Europea hay crecientes choques entre el Tribunal de Justicia de la Unión Europea y los tribunales estatales, evidencia de un reflorecimiento del clásico principio de la soberanía. De igual modo, la Corte penal internacional tiene una cierta crisis como consecuencia de la recalcitrante oposición de algunas de las grandes potencias y del cansancio de otros Estados.

En este contexto de debilitamiento de la justicia y del multilateralismo, el Consejo de Redacción de Tiempo de Paz consideró que era necesario abordar un tema central para la Comunidad internacional, sus desafíos y su futuro. A tal efecto hay que agradecer la colaboración prestada por la profesora Ana Manero Salvador, catedrática de Derecho internacional público de la Universidad Carlos III de Madrid que, como coordinadora, ha realizado una gran labor en la selección de los ponentes y en la orientación del número.

Cabe señalar que estamos ante un número importante por cuanto que aborda, como veremos, temas de interés y actualidad por especialistas reconocidos y prestigiosos y que, en su conjunto, es una aportación social pero también académica de relieve al análisis del papel de los tribunales internacionales en la sociedad internacional.

El monográfico no puede ser omnicomprensivo de la labor de todos los órganos ju- diciales y cuasi judiciales internacionales, como tampoco de los órganos judiciales estatales. Dejamos para otros números la labor de los Comités y de algunos tribunales económicos como el Centro internacional de arreglo de diferencias de inversión (CIA- DI), el órgano de solución de diferencias y el órgano de apelación de la Organización mundial del comercio (OMC), los tribunales de arbitraje, los tribunales administrativos y algunos mecanismos y tribunales de integración. Aún con todo, se ofrece una panorá- mica amplia que permite conocer los principales problemas y cuestiones que se plantean en la vida internacional.

El número aborda desafíos y sistematiza la labor de múltiples tribunales internacionales. En primer lugar, cabe destacar la labor de algunos tribunales universales con competencias generales o aspectos universales. En este sentido podemos señalar tres ponencias: de un lado el profesor Santiago Ripol Carulla, catedrático de Derecho internacional de la Universidad Pompeu Fabra y jefe de la asesoría jurídico internacional del Ministerio de asuntos exteriores, Unión Europea y cooperación, realiza un esfuerzo para sintetizar en pocas palabras los elementos básicos de la Corte internacional de Justicia (compo- sición, competencias, procedimientos) y la participación de España. Parte del principio de arreglo pacífico de las controversias (art.2, 3 de la Carta de Naciones Unidas) y pone la lupa en el principal órgano judicial de Naciones Unidas que, por lo demás, es el más prestigioso al abordar las cuestiones de Derecho internacional general, aunque no pueda considerarse un Tribunal Supremo o constitucional, formalmente, al no existir un Estado en el que se centralice el poder judicial. En segundo lugar, el profesor Carlos Fernández Liesa, catedrático de Derecho internacional de la Universidad Carlos III de Madrid y director de esta revista, realiza un sobrevuelo por la labor de diferentes tribunales y órganos internacionales, como el Tribunal internacional de Justicia, el Tribunal de Derecho del Mar, el Tribunal europeo de derechos humanos o el Comité de derechos humanos, desde el ángulo de uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo: el calentamiento global y el cambio climático derivado de la acción humana y la labor que están haciendo los tribunales al determinar las obligaciones internacionales de los Estados. En tercer lugar, el profesor Victor Gutiérrez del Castillo, profesor titular de Derecho internacional público -acreditado de catedrático- de la Universidad de Jaén, desarrolla un relevante estudio sobre el papel que realiza uno de los tribunales más desconocidos, como es el Tribunal Internacional de Derecho del Mar en materia de liberación de buques, medidas provisionales, régimen de la zona, obligaciones frente al

cambio climático. Analiza además el fundamento normativo, la estructura, las competen- cias y la función contenciosa y consultiva del tribunal.

Otro amplio número de trabajos se centra en la labor de los tribunales internacionales desde la óptica de la lucha contra la impunidad de los grandes crímenes contra la Humanidad en esta fase del siglo XXI (genocidio, crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad, crimen de agresión). El Embajador, antiguo eurodiputado Emilio Menéndez del Valle aborda la cuestión desde la consideración de las posibles vías para reducir la impunidad, en las que estima importante el papel de la sociedad civil, como la Iniciativa global contra la impunidad de crímenes internacionales, creada en 2024; aborda asimismo los problemas que afronta la Corte penal internacional, tanto por la oposición de algunos Estados (EEUU, China, Rusia, India) que son secundados por otros (Hungría, Tayikistán), en una tendencia a veces general a hacer prevalecer la paz sobre la justicia. También aborda algunos límites derivados del principio de inmunidad, que un tribunal de casación francés, en relación con la orden de detención de El Asad, el 27-VII-2025, ha considerado que “la costumbre internacional no permite ninguna excepción a la inmunidad personal de un Jefe de Estado extranjero durante todo su mandato, incluso cuando los presuntos actos constituyan genocidio, crimen de guerra o contra la Humanidad”.

En la misma línea destaca el trabajo elaborado por Sagrario Morán y Cástor Díaz Barrado catedráticos de Derecho Internacional Público de la Universidad Rey Juan Carlos, que realizan una interesante aportación sobre la labor de los Tribunales internacionales ante los Tribunales nacionales. Analizan así la denuncia que Sudáfrica llevó junto a Bangladesh, Bolivia, Djibouti y Comores, el 17-XI-2023 contra Netanyahu y el Ministro de defensa de Israel (Gallant), o la que llevó al mes siguiente a la Corte internacional de Justicia por incumplimiento de la Convención sobre la prevención y sanción del crimen de genocidio, así como las demandas existentes sobre Ucrania. Su análisis evidencia los límites del Derecho internacional en la lucha contra la impunidad.

En el mismo sentido es destacable el análisis de Manuel Ollé Sesé, experto abogado iusinternacionalista e insigne profesor de Derecho Penal internacional en la Universidad Complutense de Madrid, que analiza el sistema multinivel de la Corte Penal Internacional, el principio de complementariedad, los problemas en su implementación, la competencia de la Corte, las disfunciones con el crimen de agresión -que exige que agresor y agredido sean parte y hayan ratificado las enmiendas de agresión. Por ello fue que el 24 de junio de 2025, Ucrania y el Consejo de Europa firmaron un Acuerdo para la creación de un Tribunal especial para el crimen de agresión contra Ucrania.

Un trabajo de la profesora Marta Sosa, de la Universidad de Milán-Bicocca aborda la evolución y tipología de los tribunales penales ad hoc. Tras recordar la labor de los tribunales de Nuremberg y Tokio, analiza los de Yugoslavia y Ruanda, los tribunales híbridos (Sierra Leona, Camboya, Líbano, Cámaras africanas) así como el surgimiento reciente de mecanismos de investigación (Siria, Myanmar). Es muy destacable el artículo de María Elósegui, catedrática de la Universidad de Zaragoza y jueza de Tribunal Europeo de Derechos Humanos que aborda la importante Sentencia de este Tribunal europeo de derechos humanos sobre Ucrania y los Países Bajos contra Rusia. Rusia es condenada por violar los artículos 1,2,3,4-2,5,8,9,10,11,13 y 14 de la convención

y los artículos 1 y 2 del protocolo 1. Un fallo que confirma, indica Elósegui, que “hay una justicia internacional”. El Tribunal aplica la teoría del control efectivo para atribuir a Rusia determinadas violaciones entre 2012 y 2022 y declara que la invasión a gran escala de Ucrania ha supuesto un flagrante desprecio sin precedentes a los valores fundamentales del Consejo de Europa y los fundamentos del orden internacional.

En tercer lugar, se distingue la labor de tribunales y situaciones regionales y nacionales. De un lado, en relación con el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, Francisco Fonseca, profesor de derecho internacional de la Universidad de Valladolid, con una importante carrera como funcionario en altos puestos de la Comisión Europea (repre- sentante de la Comisión en España; director general de Justicia, entre otros), sintetiza la labor central del Tribunal de Justicia de la Unión Europea al interpretar y aplicar el derecho de la UE, explica los recursos existentes, la naturaleza, función y procedimientos ante el tribunal.

La aportación de otro Tribunal regional, la Corte interamericana de derechos humanos es objeto de análisis por Florabel Quispe, profesora de Derecho internacional público de la Universidad Carlos III de Madrid y destacada especialista sobre el sistema intera- mericano que profundiza en las nuevas dinámicas existentes en el continente americano en el siglo XXI y su impacto en la protección de los derechos humanos. En este sentido, parte de la labor que hizo el tribunal en relación con las dictaduras en el siglo XX y las transformaciones posteriores, como el autoritarismo contemporáneo, el auge de los populismos -que amenaza a la democracia- y aborda los importantes desafíos de la Corte interamericana en la actualidad.

También desde la lupa regional destaca el análisis que hace el catedrático emérito de la Universidad de Salamanca, Ignacio Berdugo Gómez de la Torre, sobre la justicia transicional en Perú. Analiza la historia del conflicto armado y profundiza en los delitos de lesa humanidad y las políticas de impunidad seguidas por los gobiernos peruanos. En esta línea aborda la labor de la comisión de la verdad y la reconciliación, la recupe- ración de la memoria y la relevancia para el derecho penal internacional. Y finalmente, pero no por ello menos importante es el trabajo realizado por Baltasar Garzón Real, ex magistrado y abogado, Yaiza Alvarez Reyes, Jurista internacional y Alessia Schiavon,- Directora de Fibgar, donde se realiza un análisis crítico de la situación actual del prin- cipio de jurisdicción universal, que si bien resiste en países como Argentina, Alemania o Francia y contribuye a la documentación de situaciones como las de Siria y Ucrania, tiene grandes limitaciones jurídicas y políticas. La complementariedad con la Corte penal internacional se perfila como una herramienta estratégica para fortalecer la cooperación y mejorar la eficacia en la rendición de cuentas.

En definitiva, creemos que es un número muy completo y actual para aquellos que creen en la paz a través del derecho. La sociedad internacional tiene muchos retos hoy, siendo uno de los más importantes el recuperar la labor de los tribunales internacionales y la justicia en la senda de la paz, la lucha contra la impunidad y la mejor vía de cooperación internacional.

 

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Revista Tiempo de Paz 157 | UNA NUEVA AGENDA DE PAZ EN EUROPA Y ESPAÑA

Revista Tiempo de Paz 157 | Una nueva agenda de paz en españa y en europa

Número: 157
Periodo: verano 2025

Naciones Unidas se crearon hace 80 años bajo el valor de la paz. Después de dos guerras mundiales, de que el flagelo de la guerra hubiese pasado en tan poco tiempo por toda la humanidad, se puso en primer plano el sueño kantiano de la paz a través del derecho, que se refleja en el capítulo VII de la Carta y en el artículo 2.4. De un lado, la prohibición de usar o amenazar con el uso de la fuerza en las relaciones internacionales. A partir de entonces usar la fuerza constituye un acto de agresión, del que nace la responsabilidad penal internacional individual, es un crimen de agresión, en cuyo seno se cometen además crímenes de guerra, cuando no de otro tipo. Desde entonces, salvo que concurran causas que excluyen la ilicitud, como la legítima defensa o la autorización del Consejo de Seguridad, no cabe el uso de la fuerza. De otro lado, el sistema de seguridad colectiva prevé la reacción de la comunidad internacional cuando se utiliza la fuerza, lo que exige el consenso de los cinco grandes.

 

 

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En estos momentos el sistema está bloqueado pues Rusia, garante de la paz, agredió a Ucrania, lo que ha roto todos los consensos, que ya se habían incumplido en casos anteriores. Además, la agresión rusa es para conquistar territorios, para expandirse, lo que también es contrario a otros principios del derecho internacional. El valor de la paz está así pues en horas bajas. La paz, la dignidad y la solidaridad son tres de los grandes valores de la Comunidad internacional, en formación, junto a otros más consolidados como la soberanía, la igualdad y la no intervención.

La crisis de este valor hizo que el Consejo de Redacción de la revista reflexionase sobre la necesidad de intentar cambiar el rumbo y de pensar mejor en cómo construir la paz, con ideas innovadoras y cuál podría ser la contribución de España o de Europa.

Tanto en Europa como en Estados Unidos, como por lo demás en Rusia, China y en otros lares, suenan tambores de guerra, el rearme parece lo único que puede dar aliento al futuro para garantizar la seguridad. Si quieres la paz prepara la guerra, desde una visión clásica (si vis pace para bellum), ampliamente extendida. Pero la historia ha demostrado que esa visión no es perfecta pues, a veces esa posición lleva a no preparar la paz, sino solo a prepararse para un conflicto. Creemos que una cosa no quita la otra.

Incluso los Estados neutrales pueden tener ejércitos y defensa que les sean necesarios, pero su óptica es la de intentar contribuir a la paz desde la neutralidad, la imparcialidad, el no abonar los conflictos ni contribuir a reforzar a los beligerantes. La neutralidad, desgraciadamente ha pasado de moda, está en desuso, buena prueba de la crisis del valor de la paz. Países tradicionalmente neutrales como Suecia o Finlandia han dejado de serlo ante el temor a ser invadidos por Rusia.

En las décadas que vienen, el mundo puede intentar construir la paz o alejarse de este objetivo, y en Tiempo de paz pensamos que es mejor lo primero. Hay que intentar dar algunas ideas que complementen la agenda del rearme, que al menos pongan de relieve que no es la única hoja de ruta posible. Creemos que hay que construir cultura de paz y hacer ideas, para lo cual las dos coordinadoras Marta Igleesias y Jimena Montes, han hecho un buen trabajo. Estamos ante ideas tal vez utópicas en ocasiones, pero la utopía no siempre es imposible, sino que señala un horizonte al que podemos dirigirnos.

Naciones Unidas se crearon hace 80 años bajo el valor de la paz. Después de dos guerras mundiales, de que el flagelo de la guerra hubiese pasado en tan poco tiempo por toda la humanidad, se puso en primer plano el sueño kantiano de la paz a través del derecho, que se refleja en el capítulo VII de la Carta y en el artículo 2.4. De un lado, la prohibición de usar o amenazar con el uso de la fuerza en las relaciones internacionales. A partir de entonces usar la fuerza constituye un acto de agresión, del que nace la responsabilidad penal internacional individual, es un crimen de agresión, en cuyo seno se cometen además crímenes de guerra, cuando no de otro tipo. Desde entonces, salvo que concurran causas que excluyen la ilicitud, como la legítima defensa o la autorización del Consejo de Seguridad, no cabe el uso de la fuerza. De otro lado, el sistema de seguridad colectiva prevé la reacción de la comunidad internacional cuando se utiliza la fuerza, lo que exige el consenso de los cinco grandes.

En estos momentos el sistema está bloqueado pues Rusia, garante de la paz, agredió a Ucrania, lo que ha roto todos los consensos, que ya se habían incumplido en casos anteriores. Además, la agresión rusa es para conquistar territorios, para expandirse, lo que también es contrario a otros principios del derecho internacional. El valor de la paz está así pues en horas bajas. La paz, la dignidad y la solidaridad son tres de los grandes valores de la Comunidad internacional, en formación, junto a otros más consolidados como la soberanía, la igualdad y la no intervención.

La crisis de este valor hizo que el Consejo de Redacción de la revista reflexionase sobre la necesidad de intentar cambiar el rumbo y de pensar mejor en cómo construir la paz, con ideas innovadoras y cuál podría ser la contribución de España o de Europa.

Tanto en Europa como en Estados Unidos, como por lo demás en Rusia, China y en otros lares, suenan tambores de guerra, el rearme parece lo único que puede dar aliento al futuro para garantizar la seguridad. Si quieres la paz prepara la guerra, desde una visión clásica (si vis pace para bellum), ampliamente extendida. Pero la historia ha demostrado que esa visión no es perfecta pues, a veces esa posición lleva a no preparar la paz, sino solo a prepararse para un conflicto. Creemos que una cosa no quita la otra.

Incluso los Estados neutrales pueden tener ejércitos y defensa que les sean necesarios, pero su óptica es la de intentar contribuir a la paz desde la neutralidad, la imparcialidad, el no abonar los conflictos ni contribuir a reforzar a los beligerantes. La neutralidad, desgraciadamente ha pasado de moda, está en desuso, buena prueba de la crisis del valor de la paz. Países tradicionalmente neutrales como Suecia o Finlandia han dejado de serlo ante el temor a ser invadidos por Rusia.

En las décadas que vienen, el mundo puede intentar construir la paz o alejarse de este objetivo, y en Tiempo de paz pensamos que es mejor lo primero. Hay que intentar dar algunas ideas que complementen la agenda del rearme, que al menos pongan de relieve que no es la única hoja de ruta posible. Creemos que hay que construir cultura de paz y hacer ideas, para lo cual las dos coordinadoras Marta Igleesias y Jimena Montes, han hecho un buen trabajo. Estamos ante ideas tal vez utópicas en ocasiones, pero la utopía no siempre es imposible, sino que señala un horizonte al que podemos dirigirnos.

Solo estableciendo un objetivo se pueden hacer avances hacia el mismo. En esta línea, el Presidente José Luis Rodríguez Zapatero realiza un excelente análisis de la situación, partiendo del sueño de la ONU y de cómo se ha llegado al momento presente. Propone recuperar el espíritu fundacional y superar las debilidades de la gobernanza actual. Su diagnóstico es que las caídas de los Imperios tienen consecuencias sistémicas difíciles de predecir que, mientras se producen, colocan al mundo en transición. En esta situación, propone con buen juicio presentar la ONU y abrir un debate de reforma, teniendo en cuenta la necesidad de reforzar el papel de la UE.

Manuel de la Rocha, presidente del Movimiento por la Paz, insiste en la importancia de que la UE tome el camino de la paz, y a pesar de las exigencias del presidente norteamericano, Donald Trump, cambie su perspectiva de rearme por la de seguridad compartida, que hace 40 años enarboló el presidente sueco Olof Palme. El rearme no haría sino dividir la voluntad y la acción de los Estados que componen la UE, en lugar de lograr una estrategia común que les diera fuerza.

Sobre la necesidad de Europa destaca el análisis de Sanam Naraghi, fundadora y presidenta ejecutiva de ICAM, para quien, para rehacer Europa y pensar una Europa cohesionada, hay que mirar al pasado para proyectarse hacia el futuro. Aprender del pasado puede hacer cambiar la dinámica actual para no repetir los mismos errores. También del pasado podemos inspirarnos en viejos modelos como el de Olof Palme, profeta en su tierra, Suecia, que analiza brillantemente Emilio Menéndez del Valle, embajador. Palme persiguió en sus dos mandatos y en su vida poner en práctica la cultura de paz, lo que constituye una agenda multidimensional que lleva a promover los derechos humanos y la solidaridad, en una permanente tensión entre realidad y sueño, entre idea y hecho práctico, como indica Emilio Menéndez.

El catedrático emérito de la Universidad Autónoma de Madrid, Carlos Giménez Romero, expone en profundidad las motivaciones que en los momentos actuales nos exigen trabajar por la Paz, o, dicho de otro modo, los retos globales que nos desafían y que son extremadamente peligrosos para la humanidad y para el planeta. A continuación, y completándolos, enumera los Principios por los cuales estamos obligados a esa acción, en coherencia y fundamentación de esa tarea: la no violencia, la gestión dialogada y participativa de los problemas, los avances en justicia social y el cuidado del planeta.

Este número pretende poner de manifiesto nuevas ideas para construir la paz. Tal vez no puedan ser una alternativa completa a la situación bélica actual, pero plantar estas semillas hoy puede permitir que las futuras generaciones no repitan errores.

La sociedad civil es sin duda en esto un motor de transformación necesario. En esta línea, Carmen Magallón, presidenta de la Fundación Seminario de investigación para la paz recuerda los orígenes de la idea en 1984, en Zaragoza, impulsada por Jesús María Alemany y José Luis Batalla, desde el Centro Pignatelli de la Compañía de Jesús. Este seminario, en realidad un verdadero Instituto de pensamiento e investigación viene desde hace cuarenta años impulsando las reflexiones sobre la paz positiva, la cultura de paz, la gobernanza y el multilateralismo. Y propone la idea de crear un Consejo de Paz para la Agenda española, de manera similar al Consejo de Cooperación actualmente existente.

Un grupo de dirigentes de la organización Acción por la Solidaridad, encabezados por Cristina Muñoz, avisa de que una política exterior feminista no es suficiente: se necesitan instrumentos eficaces, coherentes y capaces de transformar el medio en que se actúa. Y propone que el III Plan de Acción sobre Mujer, Paz y Seguridad, actualmente en fase de elaboración, debe convertirse en ese instrumento principal, dotando a la política exterior feminista de contenidos concretos, mecanismos de rendición de cuentas y presupuestos reales.

En esta línea Jusaima Moaid-Azn Peregrina, profesora de derecho internacional de la universidad de Granada, analiza las resoluciones 2250, 2419 y 2535 del Consejo de Seguridad y su implementación en España. Propone que se impulse un plan que tenga en cuenta la Agenda Juventud, paz y seguridad, lo que podría permitir un giro del discurso, que contribuya a cambiar las cosas. Al in y al cabo debemos reconocer que las personas jóvenes son agentes esenciales en la construcción de paz sostenible.

La paz se construye desde la sociedad, pero también desde políticas púbicas, en particular de manera innovadora por las políticas culturales, como analiza Maider Maraña, presidenta de la Fundación Baketik. Aborda la cultura como un espacio en el que se elaboran memorias, se expresa el sufrimiento y se ensayan formas de convivencia más justa. Se proponen políticas culturales comprometidas con la paz que reconozcan la diversidad, garanticen un acceso equitativo y acompañen a los artistas en su labor transformadora. Finalmente, de manera no menos interesante e innovadora se propone que para una agenda para la paz es necesario reforzar el papel de la mujer, pero también de la juventud.

El artículo que firman Marta Iglesias y Jimena Montes, ambas del Movimiento por la Paz-MPDL- y coordinadoras de este número, propone aprovechar la oportunidad que tiene la Cooperación Española de utilizar este momento de reforma para actualizar la Estrategia de Construcción de Paz y convertirla en una Estrategia de Promoción de la Paz, que tenga un enfoque más holístico y se convierta en un verdadero enfoque transversal a toda la Cooperación Española.

Nadie piensa ni defiende la guerra, por lo que hay que ver cómo hacer para eliminar los factores que nos llevan a ella. De un lado desde lo pequeño, lo local, lo municipal, destacaría las propuestas e ideas de Ana Barrero Tiscar, Directora de la Fundación Cultura de paz y presidenta de la Asociación Española de Investigación para la paz, que aborda el papel de las ciudades y de los gobiernos locales y regionales. En 2017 se celebró en Madrid, a iniciativa de la alcaldesa Manuela Carmena, una agenda local para la paz. Desde ahí se puede hacer planes, como propone la autora, para la construcción de paz desde ciudades y territorios y para hacer políticas públicas de paz municipales.

Luca Gervasoni, director del instituto Novact de Noviolencia, denuncia el enorme incremento del gasto militar, causado por el miedo, principal desencadenante de las guerras. Sin embargo, hay estados que, como Kenya, Noruega, Suiza, Suecia o Alemania, han llevado a cabo, y siguen desarrollado, relevantes políticas de paz con resultados importantes.  En Cataluña, la Generalitat ha anunciado su compromiso de celebrar un Fórum Catalán por la Paz, con el propósito manifiesto de implementar el mandato de la Nueva Agenda de Paz y el Pacto del Futuro.

Este número nos da esperanzas y proporciona ideas para conseguir que una nueva política de Paz pueda sustituir al ambiente de guerra que estamos viviendo en estos tiempos. Tiempo de Paz quiere contribuir a ese horizonte, que otros países y lugares ya han intentado, y reunir esfuerzos en esa misma dirección.

 

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Presentación de «Hacia un mundo libre de armas nucleares», número 156 Revista Tiempo de Paz

Este martes, 10 de Junio, se ha presentado el número 156 de la revista «Tiempo de Paz», titulado «Urgencia de Paz», en el Consejo General Abogacía Española (Paseo de Recoletos 13) en Madrid.

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Revista Tiempo de Paz 156 | Hacia un mundo libre de armas nucleares

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Número: 156
Periodo: Primavera 2025

No cabe dudar del incalculable daño que causaría una guerra nuclear, pues como arma de destrucción masiva no solo afectaría a objetivos militares sino que probablemente conduciría a la autodestrucción de la Humanidad. Solo se ha utilizado en Hiroshima y Nagasaki y tanto los datos que tenemos como los supervivientes dan testimonio de las nefastas consecuencias. En este número publicamos la vivencia de uno de ellos, Tanaka Shigemitsu, niño en 1945, cuyo relato, publicado en español y en japonés, es conmovedor. Tuvo la suerte de no perecer junto a otros 38.000 niños en aquella terrible atrocidad. Las bombas tuvieron un impacto mayor en la población infantil, como analiza Tim Wright, pues el efecto de la explosión nuclear es más lesivo en este sector de la población.

 

 

revista-tiempo-de-paz-156. hacia un mundo libre de armas nucleares

 

Este número aborda la cuestión del arma nuclear hoy, teniendo en cuenta las ocho décadas bajo las cuales la Comunidad internacional ha vivido con esta amenaza. Se eligió este tema monográfico para el número por el Consejo de redacción por el incremento del riesgo de una guerra nuclear que se vive desde la guerra de Ucrania. Y, además, porque para esta revista ese riesgo ha estado muy presente desde su creación y hoy desgraciadamente resurge con fuerza. A ello se une que se está produciendo una degradación del marco normativo de contención del arma nuclear como resultado de la creciente confrontación internacional. Hoy es muy necesaria la reflexión ante la mayor amenaza existente para la supervivencia de la humanidad, en palabras de Aurora Bilbao, miembro de IPPNW, que analiza el riesgo de apocalipsis nuclear. En la historia solo se han lanzado dos bombas nucleares (Hiroshima y Nagasaki) pero existen 417 centrales nucleares y ha habido más de 2.000 ensayos nucleares. En tiempos recientes se está incrementando el gasto en armas nucleares, llegando a 91.400 millones de dólares en 2023, con un incremento del 13, 4%. El instrumento central para la erradicación de las armas es el reciente Tratado de prohibición de armas nucleares que, sin embargo, no ha sido firmado por ningún Estado poseedor de armas nucleares y que debiera constituir el elemento central para la abolición de las mismas. El coordinador de este número es Carlos Umaña, médico costarricense que dedica su vida a esta meta y al que agradecemos su buena disponibilidad y su colaboración entusiasta con Tiempo de Paz. Carlos Umaña recibió en 2017 el Premio Nobel de la Paz por ser el promotor de ICAN, la Campaña internacional para la abolición de las armas nucleares. Dejó la medicina hace años para dedicarse a alertar sobre el peligro nuclear y por la necesidad de su erradicación. Indica en su contribución que llevamos 80 años de confusión, admiración, secretismo, imposiciones y amenazas sobre el arma nuclear, que sobre todo es un símbolo de estatus y una amenaza. Fue uno de los grandes promotores del Tratado de prohibición de armas nucleares, que prohíbe a los Estados probar, producir, fabricar, transferir, poseer, almacenar, usar o amenazar con armas nucleares o que se estacionen en su territorio. A pesar de la luz que da este Tratado, vivimos en tiempos de deterioro normativo. Uno de los primeros pasos para ello, como indica el analista del Instituto español de estudios estratégicos, José Ignacio Castro Torres estuvo en la retirada de EEUU del Tratado sobre misiles antibalísticos, en 2002, tras los atentados del 11-S. En Europa, Rusia se retiró en 2019 del Tratado sobre fuerzas nucleares intermedias, cuyo objetivo era abolir misiles de emplazamiento terrestre con alcances entre 500 y 5.500 km; en 2020 EEUU abandonó el Tratado de cielos abiertos; también está en entredicho su continuidad en el Tratado de prohibición completa de ensayos nucleares.

EEUU debe tener, se calcula, al menos un centenar de armas nucleares (B61). En Rusia, la capacidad de destrucción es inmensa, pues tiene casi 6000 ojivas nucleares. La situación en Europa se está deteriorando como consecuencia también de la destrucción del sistema de seguridad regional. E igualmente en el plano internacional hay un deterioro del mapa geopolítico y jurídico de los tratados celebrados para acabar con el peligro nuclear, como analizan María José Cervell, catedrática de Derecho internacional de la Universidad de Murcia y Vicente Garrido, Profesor titular de relaciones internacionales de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.

Cervell realiza un mapeo de los Tratados de desarme nuclear, como el ya citado de 2017, Tratado de prohibición; el de 1968, Tratado de no proliferación de las armas nucleares, los Tratados sobre prohibición de realización de ensayos nucleares (de 1963 y de 1966), los tratados de creación de zonas libres de armas nucleares, en los diferentes continentes de América, Africa y Asia (Tlatelolco, 1967; Raratonga, 1985; Pelindaba, 1996; Banghok, 1995) o sobre determinados espacios como la Antártida o los fondos marinos (Tratados de 1959, 1971), la jurisprudencia de la Corte internacional de Justicia (1996) o los tratados de reducción de armas nucleares, en particular el Tratado Start. La conclusión a la que llega tras analizar este panorama jurídico es que ve muy lejano el fin del arma nuclear.

A ello se une la crisis del Tratado de no proliferación que desde los años setenta fue la piedra angular del régimen de no proliferación. Pero el TNP está en crisis como muestra la falta de articulación de los consensos necesarios en las últimas décadas. A juicio del profesor Garrido las principales causas son el estancamiento de la conferencia de desarme de Ginebra y la rivalidad entre los grandes actores, que se ha incrementado desde la guerra de Ucrania. De ahí que Rusia haya suspendido su participación en 2023 en el Tratado New Start, que expira en 2026, entre otras acciones a las que se han sumado Estados Unidos y otros actores, en la línea de deshilachar el régimen nuclear.

Estados Unidos también ha cesado los intercambios de datos nucleares, comportamiento que refleja un debilitamiento del Tratado en un momento en el que se está produciendo la dramática expansión nuclear de China, que está en la línea de convertirse en una potencia nuclear comparable de EEUU y a Rusia, al mismo tiempo que Pakistán e India mejoran sus fuerzas nucleares, al igual que Corea del Norte, entre otros países.

En este momento crítico, la Unión Europea está al borde de sumarse a la nueva carrera armamentística en ciernes y en profundizar en la disuasión nuclear como única forma de garantizar la seguridad cuando, en realidad, indica Célia Beckmann, eso solo incrementaría el riesgo de un conflicto catastrófico y desviaría el gasto de otros sectores como la lucha contra el cambio climático, la educación o la seguridad humana.

El analista del Instituto español de estudios estratégicos, José Ignacio Castro Torres considera que Europa debiera volver a un escenario de negociación. Lo cierto es que, sin embargo, las potencias nucleares, y otros países están optando por la disuasión más que por la contención o por el desarme, en un preludio de nueva carrera de armamento nuclear que carece de sentido en el tiempo presente, en un mundo ya plagado de arma-mento nuclear. Desmantelar el nuclearismo exige remover las “narrativas” en que se sustenta y que justifican el armamento nuclear sin que se pueda ver su impacto real, lo que no es algo racional sino que resulta, indica Umaña, de un conjunto de mitos que, reforzados por la política, la cultura y el discurso público, minimizan los riesgos, utilizan el secretismo y contribuyen a perpetuar la inseguridad (del paraguas nuclear) más que la seguridad. No son solo los Estados los actores principales en la cuestión nuclear, también como indica Célia Beckman, es muy importante el papel de las empresas de China, Francia, Italia, Países Bajos o Estados Unidos, con contratos plurianuales por valor de 465 mil millones de dólares (como Northrop Grumann, General Dynamics, BAE systems, Boeing, Leonardo, Lockheed Martin etc.). 260 Instituciones financieras tienen vínculos de finan-ciamiento con productores de armas nucleares y de los 10 principales inversores, nueve están en EEUU y uno en Canadá. Frente al arma nuclear y al rearme solo cabe cambiar el discurso y movilizar a la sociedad civil en torno a la necesidad de recuperar la vía del desarme y la no proliferación, que representa en su mayor aspiración el Tratado de prohibición de 2017. Ray Achesson, directora del Programa de desarme de la Liga internacional de mujeres por la paz y la libertad, considera que el discurso está dominado por las doctrinas de seguridad y que los países que más apoyan la prohibición son los del Sur global, casi todos los países de África, América Latina y el Caribe, Austria, Irlanda, Nigeria, Sudáfrica, Nueva Zelanda, Malasia y alguno más. Además, considera que esto tiene un sesgo de género, pues la “masculinización” de las bombas resta importancia a los impactos reales de las armas nucleares. El relato sería que las armas nucleares son objetos que disuaden de causar daños en lugar de objetos que causan daños, lo que no es real; pero esto hace ver, indica, que el desarme es imposible. De ahí que considera que hay que avanzar en la abolición, lo que exige comprender la relación entre armas nucleares y poder y desmantelar los sistemas que las hacen posibles. Finalmente es muy importante la labor de incidencia política en torno a la necesidad de que el mundo no emprenda nuevas carreras nucleares pues, como indica Aurora Bilbao, de la Universidad del País Vasco y miembro de IPPNW el arma nuclear es la “mayor amenaza inmediata de supervivencia para la Humanidad que pone a la especie humana en peligro de extinción”. El doctor José Manuel Ribera Casado, de la Real Academia de Medicina de España, analiza la vía de la prevención de la guerra nuclear a través del asociacionismo y la sociedad civil. De ahí el nacimiento de la Asociación internacional de médicos contra la guerra nuclear, IPPNW. La educación de la población y la sensibilización constituyen, indica, deberes morales de la profesión médica. De ahí que esta Asociación recibiese, en 1985, el premio Nobel de la Paz. También hay que señalar que el Dictamen que hizo la Corte internacional de Justicia, una década después, lo fue a petición de la Organización Mundial de la Salud, y es el pronunciamiento jurídico más preciso sobre la licitud del uso del arma nuclear hasta la actualidad.

De otro lado para Juana Pérez Montero, miembro de la Alianza para el desarme nuclear, habría que poner en valor el Tratado de prohibición de armas nucleares. Aunque España hizo un boicot a la campaña sobre el mismo, hay que recordar, nos indica, que el referéndum sobre la entrada en la Alianza Atlántica invalida el argumento de que España no pueda firmar el TPAN por su pertenencia a la Alianza. Ciertamente que la entrada en dicha organización de defensa militar se hizo bajo la condición de que en España estuviese prohibida la instalación, almacenamiento o introducción de armas nucleares, condición sobre la cual no ha habido un cambio formal ni un referéndum posterior. En España no parece que se aprobase por la población un criterio diferente, en la actualidad

En definitiva, este número muestra los problemas de la cuestión nuclear hoy, la necesidad de dar un giro de timón y de concienciar a la sociedad de los peligros que puede tener para la Humanidad seguir en la dirección a la que la confrontación internacional está llevando. La lectura de este monográfico de Tiempo de Paz permite profundizar en muchas reflexiones que hoy en día son más necesarias que nunca.

 

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Revista Tiempo de Paz 155 | URGENCIA DE PAZ

Revista Tiempo de Paz 155 | URGENCIA DE PAZ

Número: 155
Periodo: Invierno 2025

Este número de la revista es especialmente significativo, pues se conmemora el 40 aniversario de la Revista Tiempo de paz, desde que iniciase su andadura a mediados de los años ochenta. En este tiempo ha superado muchas trabas y dificultades para poder mantenerse y fortalecer su nivel de excelencia. Es el resultado de un esfuerzo continuado por un equipo de gente impulsado desde un primer momento por Francisca Sauquillo, alentado por el MPDL y con la colaboración de varias generaciones de personas.

 

En estas décadas la revista se ha consolidado y ha adquirido un prestigio considerable en múltiples sectores profesionales, académicos y de la sociedad civil. Porque la revista no pretende dirigirse exclusivamente al mundo académico, sino que está abierta a una estrecha colaboración con la sociedad civil. Es cierto que mantiene un perfil, pero también profesional, político, social y cultural que hace que sea un producto singular y reconocido en el ámbito de la solidaridad, los valores de la paz, la solidaridad y la dignidad humana.

Creemos que la revista cumple con su cometido central de promover la reflexión y la investigación en torno a cuestiones que afectan a la paz en sentido amplio, como son los conflictos, pero también otras cuestiones vinculadas a la dignidad humana, a la solidaridad y a los problemas mundiales de nuestro tiempo. La revista se ha convertido en un referente en materia de relaciones internacionales, Unión Europea, derechos humanos, protección de personas y grupos vulnerables, ecología, solidaridad y cooperación, migraciones o instituciones internacionales.

El objetivo de la revista Tiempo de paz es amplio pues la paz no consiste solo en la ausencia de guerra, como dijo Galtung, sino que también se alcanza mediante la remoción de los obstáculos y factores que la provocan o que no la evitan. Durante estas décadas, Francisca Sauquillo ha contado con la estrecha colaboración de Teresa Rodríguez de Lecea, secretaria del Consejo de Redacción, así como de múltiples personas que han impulsado, dirigido y gestionado una aventura editorial e intelectual que no es sencilla. Es una tarea colectiva a la que han contribuido personas que ya nos dejaron y cuyo recuerdo traemos aquí a colación, como Gabriel Rosón y José Luis Fernández Rioja, del mismo modo que ha habido varios directores que también en su momento trabajaron por este proyecto, como Enrique Gomáriz y Francisco Aldecoa o, desde 2015, Carlos R. Fernández Liesa. A ellos se añaden múltiples miembros del Consejo de redacción como Vicente Baeza, Henar Corbi, Emilio Ginés, Margarita Sáenz Diez, Enrique Sánchez, Marta Iglesias, Ana Mª Ruiz Tagle y Rafael  Tuñón y muchos más que colaboran o han colaborado habitualmente en esta labor desinteresada e ilusionante que supone buscar los temas de reflexión monográfica, seleccionar los mejores expertos, especialistas y académicos con la finalidad de contribuir a reflexionar sobre temas, políticas y acciones en favor de la promoción de los valores y su impacto en España, Europa y el mundo.

En este aniversario el Consejo de Redacción entendió que el tema de la revista debía referirse al valor de la Paz, que alienta al Movimiento por la paz, el desarme y la libertad-MPDL- que edita la revista, desde su origen. Empezamos a pensar en hacer un número sobre el movimiento pacifista, o sobre la cultura de paz, o sobre los conflictos, o sobre otros temas vinculados al valor de la paz. Finalmente lo hemos titulado La urgencia de paz, bajo cuyo título se abordan los principales temas que afectan a la paz, teniendo en cuenta el contexto actual tan fragmentado, la debilidad del multilateralismo y otras muchas cuestiones.

Sobre la actualidad del movimiento pacifista Enrique Gomáriz realiza una renovada reflexión sobre conceptos como la paz, los conflictos o las guerras, sobre la paz positiva y negativa; aborda la evolución del movimiento pacifista desde mediados del siglo XX hasta la actualidad. Un movimiento en declive que, al hilo de la guerra de Iraq (2003) retoma fuerza, si bien en la actualidad hay tendencias y percepciones polarizadas acerca del desarrollo del movimiento social por la paz. En todo caso, el valor de la paz parece subordinado a otros valores, positivos y negativos, en las sociedades que protagonizan la guerra.

Reflexionar sobre la paz hoy no puede hacerse sin tener en cuenta la situación internacional de cambios geopolíticos en los que parece primar la guerra y la violencia. De ahí que el Rector de la Universidad Internacional para la Paz, Francisco Rojas Aravena, afirme la necesidad de promocionar la paz en este momento como algo fundamental, que exige una cooperación global, fortalecer el multilateralismo y hacer todo lo posible en la vía de la paz.

Desde la existencia de la sociedad de Naciones la paz preocupa a la comunidad internacional. En su excelente contribución Emilio Menéndez del Valle, miembro del Consejo de Redacción de la revista y antiguo Embajador y eurodiputado, hace múltiples reflexiones de gran calado en torno al sueño de la paz a través del derecho y la organización, apoyándose en el viejo sueño kantiano de la paz a través del derecho. Emilio expone los trazos actuales de la rompedora obra de Kant que, junto a otros ilustrados como Voltaire, Rousseau, Locke, Montesquieu o el Abad de Saint Pierre siguen siendo tan actuales y necesarios hoy y que, en todo caso, fueron los que contribuyeron tan fundamentalmente a la creación de la Sociedad de Naciones y, posteriormente a las Naciones Unidas

La gobernanza de la paz hoy en día en organizaciones como Naciones Unidas es objeto de análisis por Georgios Kostakos, director ejecutivo de la Fundación para la gobernanza mundial y la sostenibilidad. A su juicio, el papel de la organización internacional se ha ido reduciendo por los cambios geopolíticos, las deficiencias operativas, el mandato de la ONU y la preocupación primordial por el desarrollo sostenible, al tiempo que surgen nuevas amenazas que apuntan a una conceptualización más amplia de la seguridad. Para abordar todo ello hay que impulsar, considera, una necesaria y más amplia cultura de paz

Acercarse a la paz podría hacerse mejor si se impulsase la diplomacia preventiva, se evitasen las guerras y los conflictos actuando sobre los factores que inciden en su aparición, como ya pusiera de relieve Boutros Ghali en su Agenda para la paz y el suplemento (1992 y 1995). Pero la diplomacia preventiva y mediadora, analizada por Mabel González Bustelo, del Comité de expertos de la red iberoamericana de mujeres mediadoras, nunca ha funcionado lo suficientemente bien. En la última década el número y letalidad de los conflictos no está disminuyendo. Según el último Índice global de paz, 92 países tienen alguna forma de participación en conflictos fuera de sus fronteras, mientras que en 2023 ha habido 36 conflictos armados en el mundo y 114 situaciones de tensión

Pues bien, Naciones Unidas se creó para evitar las guerras, sobre todo una tercera guerra mundial, por lo que la paz es su objeto central. Fue la primera organización que prohibió de manera absoluta, como principio fundamental y norma de ius cogens, absoluta e inderogable, el uso de la fuerza en las relaciones internacionales. Hoy en día esta prohibición del articulo 2, 4 de la Carta se incumple por uno de los garantes de la misma (Rusia), lo que es objeto de análisis por la profesora Elena Díaz Galán, profesora de Derecho internacional de la Universidad Rey Juan Carlos, que aborda esta disposición desde las interesantes claves actuales. Señala y resalta  los retos que esta violación (junto a otras) pone en el tablero jurídico-político internacional

De cara al futuro, Albert Caramés, director de Fundipau realiza interesantes reflexiones sobre cómo Naciones Unidas aborda la paz. En esta línea analiza cómo en los últimos años el Secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, propone revisar la arquitectura multilateral de paz, lo que ha llevado, en septiembre de 2024 a las conclusiones y recomendaciones de la Cumbre del futuro. Se realizan en el documento final múltiples propuestas y recomendaciones, si bien el documento es tal vez tan ambicioso que resulta en exceso profuso e indefinido, difícil de llevar adelante o sin la concesión necesaria desde la perspectiva jurídica.

Si Naciones Unidas debería revitalizarse realizando reformas del sueño de la paz, del mismo modo habría que profundizar en otras acciones, como las que tienen que ver con la recuperación del desarme como un factor acelerador de paz. Tica Font, Presidenta del Centre delas d´estudis  per la Pau, aborda esta cuestión y pone en su análisis de relieve cómo la evolución no es positiva pues hemos pasado de un freno a los gastos militares tras la Guerra Fría a una nueva carrera de armamentos, ahora con tecnologías disruptivas, con un importante incremento de gastos en defensa y armamentos, en una vuelta a la disuasión más que a la distensión. Como botón de muestra, el Tratado de 22-I- 2021 de prohibición de armas nucleares no ha sido firmado por los países que poseen armas nucleares ni por los que forman parte de la Alianza Atlántica, incluyendo a España. Pone de relieve además nuevos retos como el de las armas automáticas, o el enorme número   de armas cortas y ligeras que deberían dar lugar a nuevas medidas.

La paz, además, es objeto de interacción con otros valores, normas y hechos. En esta línea Ana Villellas Ariño, investigadora de la Escuela Cultura de Pau de Barcelona aborda el valor de la paz en conexión con la agenda internacional mujeres, desde un enfoque de construcción de paz feminista, poniendo de relieve cinco dinámicas a las que se enfrenta. Por su parte, Teresa Carazo, responsable de acción humanitaria y seguridad del MPDL,  vincula la idea de paz con la de desarrollo y acción humanitaria, de una manera integral y propone la actuación integral y concertada a corto, medio y largo plazo, para fortalecer la resiliencia local. Por otro lado, el Equipo del Área de educación y sensibilización del MPDL hace un estudio en el que pone de relieve la importancia de las metodologías educativas como herramientas de transformación hacia la paz, avalado por una larga experiencia en la Escuela de Paz que el Movimiento por la Paz mantiene en Vallecas. Finalmente, pero no por ello menos importante, la responsable de comunicación del MPDL, Cristina Alvarez realiza una interesante reflexión sobre comunicación al servicio de la paz, reflejando obstáculos y oportunidades derivadas de las nuevas tecnologías, la desinformación, la batalla cultural, el reto digital, el papel de los medios de comunicación, entre otros.

En definitiva, el número aborda cuestiones importantes para el valor de la paz, en un sentido amplio, que sin duda tienen un interés para el pensamiento, pero también para intentar reorientar el mundo contemporáneo hacia una cultura de paz, que permita que este valor se convierta cada vez más en una realidad en el futuro.

 

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