Presentación del monográfico de Tiempo de Paz sobre “Empresas y derechos humanos”

En la era de la globalización y de lo que Giovanni Sartori definió como el “triunfo irreversible del mercado”, las empresas representan entidades con

un enorme poder, muchas veces incontrolable por parte de los Estados. Al análisis de estas cuestiones dedica la revista Tiempo de Paz su monográfico dedicado a “Empresas y Derechos Humanos”.

Cuándo: Miércoles 22 de Febrero de 2017, a las 18:00h.
Dónde: Oficina del Parlamento Europeo en España. Pº de la Castellana, 46 (Madrid)

En sus más de 100 páginas, de la mano de numerosos especialistas en la materia, se reflexiona sobre tres cuestiones. En primer lugar, sobre los elementos básicos del problema de las empresas y los derechos humanos en el ámbito internacional.

En segundo lugar, la publicación trata de arrojar luz en torno a las nuevas experiencias concretas que, más allá de la teoría, permiten comprender el fenómeno de la relación entre empresas y derechos humanos y buscar nuevas vías de trabajo.

Finalmente, el número contribuye a comprender la relación entre la responsabilidad social corporativa, las empresas y los derechos humanos.

En el acto de presentación, Ramón Jáuregui, Diputado en el Parlamento Europeo y coordinador del monográfico; Carlos Fernández Liesa, director de Tiempo de Paz; y Francisca Sauquillo, presidenta del Movimiento por la Paz, expondrán junto con algunos de los autores del número sus puntos de vista sobre la situación que atraviesa la relación entre empresas y derechos humanos a nivel global.

Editada por la ONG Movimiento por la Paz -MPDL-, la revista Tiempo de Paz se publica trimestralmente desde 1984, dedicando sus páginas a la reflexión y el análisis sobre cuestiones relacionadas con los Derechos Humanos, las relaciones internacionales y la construcción de la paz a nivel global.

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Trump y el silencio cómplice

Elisa Veiga, presidenta de la Federación de Asociaciones para la Defensa y la Promoción de los Derechos Humanos

Las decisiones adoptadas por el Presidente Trump en los primeros nueve días de su mandato nos causan estupor y una honda preocupación. A través de sus órdenes ejecutivas, el Presidente ha acordado paralizar la acogida de refugiados y suspender la entrada de ciudadanos de países de mayoría musulmana: Siria, Yemen, Sudán, Somalia, Irak, Irán y Libia, siendo de carácter indefinido tal suspensión para los ciudadanos sirios.

Con estas decisiones el Presidente de Estados Unidos viene a poner en práctica una política xenófoba, de hostilidad y rechazo a los musulmanes, a los que de forma indiscriminada se priva de derechos fundamentales por el hecho de practicar una religión, vulnerando los artículos 2, 13 y 14 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, contraviniendo el derecho internacional humanitario y, en concreto, el artículo 3 de la Convención de Ginebra.
Europa sabe bien que la libertad y la paz en el mundo exigen del respeto de los derechos humanos y de la dignidad de las personas. La Declaración se hace eco de ello y en su Preámbulo se afirma que el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad, por lo que se plasma como ideal común para todos los pueblos y naciones su reconocimiento y aplicación universal y efectiva.
Para ello, el artículo 30 de la misma señala que nada de lo que se proclama en la Declaración podrá interpretarse en el sentido de que confiera derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendentes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en la misma.
Es mucho lo que está en juego con las decisiones del Presidente Trump que, además de las vulneraciones de derechos a que hemos hecho referencia, también ha prometido, entre otras cosas, reinstaurar la tortura y menospreciar a las mujeres.
Desde la Federación de Asociaciones para la Defensa y Promoción de Derechos Humanos exigimos de los representantes políticos de la Unión Europea y de nuestro país una clara condena y rechazo a las vulneraciones de los derechos humanos que comportan sus decisiones. Los silencios, en algunos casos, pueden interpretarse como complicidades.

 

Sumemos esfuerzos para construir una auténtica cultura de paz

Francisca Sauquillo
Presidenta de Movimiento por la Paz (MPDL) y de la Fundación Fundipax-Iniciativas para la Paz

El 21 de septiembre se celebra, como iniciativa de la Organización de Naciones Unidas, el Día Internacional de la Paz, con el objetivo de fortalecer los ideales de paz en todo el mundo. Este año el tema elegido es «Los Objetivos de Desarrollo Sostenible: elementos constitutivos de la paz».

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible, aprobados en Nueva York en septiembre del 2015 por todos los Estados miembros de Naciones Unidas, son 17 puntos con cuyo cumplimiento se alcanzaría un objetivo principal: que las futuras generaciones afrontaran con éxito los retos planteados por «la pobreza, el hambre, la disminución de los recursos naturales, la escasez de agua, la desigualdad social, la degradación ambiental, las enfermedades, la corrupción, el racismo y la xenofobia», tal y como recoge el documento aprobado por Naciones Unidas. En definitiva, eliminar la pobreza, proteger el planeta y garantizar la prosperidad para todas las personas.

Es una evidencia que sin desarrollo no puede existir la paz. Así, en el Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad (MPDL), del que soy fundadora y presidenta, creemos que la paz es mucho más que la ausencia de guerra.Movimientos migratorios. Precisamente también en septiembre se celebra en Nueva York, en la sede de las Naciones Unidas, en el marco de la Asamblea General, la Cumbre Mundial de Alto Nivel sobre los Refugiados y los Migrantes, cuyo objetivo es intentar coordinar a los países del concierto internacional para hacer frente al fenómeno creciente de desplazamientos forzados y flujos migratorios que estamos viendo en los últimos años.
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Esperanza para Colombia

Colombianos votando en el referéndum

Paz en Colombia después de 50 años de conflicto armado
Paquita Sauquillo, presidenta de Fundipax-Iniciativas para la Paz

El pasado 26 de septiembre el gobierno de Colombia y la guerrilla de las FARC firmaron un acuerdo de paz histórico para poner fin a medio siglo de guerra que ha costado más de 250.000 muertes y centenares de miles de desplazados y damnificados. El presidente colombiano, Juan Manuel Santos y el líder de la guerrilla, Rodrigo Londoño, alias ‘Timochenko’, se estrecharon las manos ante mandatarios de todo el mundo para sellar la paz, a falta de un referéndum en el que se sometería a los ciudadanos colombianos los términos del acuerdo para su ratificación.

En el referéndum, a pesar de que las encuestas indicaban que el acuerdo sería apoyado por la población, los ciudadanos votaron “no” por un margen muy escaso, arrojando dudas sobre la continuidad de la paz. El “sí” habría allanado el camino para poner fin a más de medio siglo de combates entre el gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC. Sin embargo, poco más de la mitad (50,21 por ciento) de los que emitieron su voto el domingo votaron “no” a la pregunta: “¿Apoya el acuerdo final para terminar el conflicto y construir una paz estable y duradera?”

Durante las horas siguientes a la verificación de los resultados del referéndum, tanto el Gobierno Colombiano como las FARC hicieron llamamientos a la calma, e insistieron en que el alto el fuego firmado en junio se mantendría, por lo menos, hasta el 31 de octubre, lo que provocó inquietud y la inevitable pregunta ¿y después, qué?

El apoyo, sin embargo, y el reconocimiento a los esfuerzos para alcanzar la paz llegó desde la Academia Sueca, que premió pocos días después al presidente colombiano Juan Manuel Santos con el Nobel de la Paz, lo que se considera un apoyo inequívoco a los esfuerzos para hacer que la paz sea una realidad. Si se logra, se pondrá fin al conflicto más largo de América. Las bases para lograrlo están puestas y parece que ambas partes están dispuestas a recorrer ese camino.